divendres, 29 d’abril del 2011

Recuerdos: Capitulo 2


- Ni un solo ruido hasta que venga tu padre ¿Me oyes?-

Hasta yo me di cuenta, mi voz sonó fuerte y autoritaria y ese pequeño cuerpo volvió a estremecerse sin levantar la mirada del suelo como si allí se encontrara la cosa más interesante del mundo. Suspiré y cogí el teléfono para hacer unas llamadas entrando en la cocina, me senté a la mesa y continué con mi rutina diaria de llamadas y de "comercio".
El tiempo se me pasó volando, incluso no pensé ni una sola vez en la cría. Fué por eso que cuando salí de la cocina cerca de hora y media después me sorprendí al verla. Allí seguía con la cabeza agachada, la mirada fija en la madera carcomida del suelo y jugueteando con los dedos de sus manos entrelazadas. No se havia movido ni un solo centímetro en todo ese tiempo y parecía no haberse dado cuenta de que yo estaba allí así que aproveché la ocasión para observarla más detenidamente.
Jake había dicho que aquella niña tenía doce años, pero me pareció un poco bajita para esa edad, y seguía pareciéndome demasiado... guapa para ser solo una niña. Sin duda esa mocosa había heredado los rasgos de la madre ya que Jake no es que fuera el súmmum de la belleza exceptuando esos ojos que desde siempre llamaron la atención. Llevaba puestos unos vaqueros oscuros desgastados y unos tenis; no podía ver nada más ya que un abrigo, que me pareció demasiado fino para la época del año, tapaba el resto de su indumentaria.

Hey...- dije mientras caminaba hacia una estantería donde divisé un paquete de tabaco sin abrir aun.-... ¿se puede saber que haces ahí plantada?- En cuanto estuve lo bastante cerca vi la cara de angustia reprimida que había puesto la cria y me sentí un poco incómodo, parecía realmente asustada de estar allí.- ¿Cómo te llamabas?- me sentí estúpido preguntándole el nombre, por supuesto yo me acordaba de cual era pero quería escuchar como sonaba su voz. Tenía sana curiosidad.

La mocosa no parecía estar por la labor de contestar a mis preguntas así que me encendí un cigarrillo y me senté en el sofá ignorándole, o al menos intentando aparentarlo. Era imposible no fijar la mirada sobre ella, así que me mantuve en silencio durante largos minutos leyendo o más bien pasando las páginas sin mirarlas siguiera mientras no le quitaba el ojo de encima disimuladamente. Era increíble la capacidad para no moverse de esa niña, eso era casi contra natura que una criaja de doce años permanezca callada y estática durante tantísimo tiempo.

- ¿No estás cansada de estar ahí de pie?- concluí que esperar una respuesta era totalmente inútil.- Bueno...haz lo que te de la gana...-

No había terminado de recostarme en el sofá cuando sonó el timbre de la puerta. Estaba seguro de que sería alguno de los chicos ya que no tenía prevista ninguna visita hasta la tarde. Me levanté y abrí; eran Mike y Carl.
Mike era un tipo que no querrías encontrarte en un callejón. Realmente, no querrías encontrártelo y punto. Yo no soy precisamente bajo, pero al lado de Mike habría parecido bajo cualquiera; era muy alto, con greñas rubias que a veces se sujetaba con una goma elástica. Sin duda podía pasar por un pre-adulto de lo más normal si no fuera por aquella cicatriz que le cruzaba la mejilla y esos ojos negros que miraban a todo el mundo como si fuera a darte un puñetazo. Era un delincuente de poca monta y un adicto al crack, que no es más que coca hervida; aunque realmente le daba a todo lo que cayera en sus manos.
Carl era todo lo opuesto a Mike, no era bajo ni mucho menos; estos yankies nacen ya siendo altos. Pero como ya he dicho, al lado de Mike cualquiera es bajo. Era delgado y fibroso y siempre parecía sonriente y distraído en contra punto con la expresión furibunda de Mike. Al igual que éste, su pelo era rubio y corto, pero sus ojos eran de un gris apagado.
Esos dos no se separaban nunca y juntos hacían temblar a cualquiera.
Me aparté de la puerta y los dejé pasar.

Incluso antes de que cerrara la puerta de mi apartamento escuché la risotada de Mike a mi espalda y supe que había visto a la niña, aunque quién no se hubiera fijado en ella si estaba plantada en mitad de una sala tan pequeña.

- ¡Vaya!...pero ¿qué tenemos aquí?- Mike se acercó a la niña y caminó a su alrededor mientras se reía hasta que se apoyó contra el respaldo del sofá con los brazos cruzados y mirándola con una sonrisa divertida.
Yo lo observé serio apoyando contra la pared y Carl simplemente pasó de largo y se sentó en el sofá vaciando una bolsita de coca sobre la mesa disponiéndose enseguida a cortar la droga.

- ¿Ahora te van las jovencitas Christian?...- dijo acariciando con dos dedos la mejilla de la pequeña.

Aquello no me gustó. Mike era peligroso cuando se comportaba así y la mirada que tenía clavada sobre esa niña no me gustaba ni un pelo.

- ¿Cómo te llamas pequeña?...- preguntó inclinándose amenazante sobre ella. Yo esperé; mantenía la esperanza de que el silencio de Alice hicieran perder el interés de Mike y se concentrara en lo que había venido a hacer, que no era otra cosa que pasar la tarde colocado.
Mis esperanzas se esfumaron cuando vi la cara de Mike; se estaba empezando a enfadar de que esa mocosa no abriera la boca y yo me envaré esperando el momento en el que se pasara de la raya para plantarle cara. Como ya supuse, ese momento no se hizo esperar.

- ¡Hey! Mocosa de mierda...¿es qué estás sorda o qué?- dijo totalmente fuera de sus casillas sujetando con fuerza la cara de la niña con una de sus manos.
- Eh Mike- traté de mantener la calma. En ese momento no lo sabía, pero no me molestaba el hecho de que Mike liara el taco dentro de mi casa como yo creía; lo que me molestaba era como estaba tratando a esa niña que no tenía la culpa de que el fuera un tío irascible e insoportable.

Carl viéndose venir el percal, se quedó atento desde el sofá y me miró unos segundos.

- Mike vamos...déjala, es sólo una niña, tío...- dijo Carl un poco tenso.

Mike me miró con los ojos empequeñecidos por la rabia. Sin duda era un tipo demasiado irascible ¿Cómo podía enfadarse tanto porque un niño no le contestara? Yo caminé rápido hasta ellos cuando un pequeño quejido de dolor se escapó de aquel pequeño cuerpo y de un manotazo aparté las manos de Mike de la cara de la niña colocándome delante de ella y encarando a Michael con el ceño fruncido. Sin duda la cara que puso me indicó que de haber sido otro ya estaría muerto, pero Mike me respetaba, nunca supe si era por mí, porque le caía bien y le suministraba drogas de calidad, o si era por Steve al que respetaba de manera exagerada yo diría que incluso con idolatría; pero eso ahora daba igual, no podía dejar que le hiciera daño al crío.

- Basta Mike...- fueron mis palabras antes de ver por el rabillo del ojo como Carl se acercaba a nosotros.
- Vamos tío...tranquilízate, ya tengo la raya preparada...- dijo tirando del hombre hacia el sofá.

Nuestras miradas fruncidas no se apartaron ni un solo momento hasta que Mike estuvo sentado en el sofá y desvió la mirada hacia la raya de coca que Carl había preparado.
Sabía que no era buena idea que Jake la dejara allí... pero ya era tarde para arrepentirse, además sólo quedaban tres horas más hasta que viniera a buscarla.

Cuando me giré clave la mirada en ella, así de cerca parecía mucho más pequeña de lo que realmente era. La escuché respirar con fuerza a causa del miedo y sin saber el motivo posé una mano sobre su cabeza.

- Vamos Alice... no pasa nada...-

Me cabreaba ver a la mocosa así. Esa niña debería estar en el colegio en esos momentos o donde demonios fueran los niños, y no allí escuchando como esnifaban coca a su alrededor; aunque seguro que estaba más que acostumbrado a eso... al fin y al cabo era hija de Jake, cuyo tabique nasal había desaparecido casi por completo.
Tomé a la niña por los hombros y la obligué a caminar hasta el sofá donde la senté en el extremo opuesto a Mike y yo me dejé caer a su lado haciéndole de escudo.
Al poco tiempo, pareció que Michael ya se había olvidado de la niña, para mi alivio y también para el de Carl, que de vez en cuando desviaba la mirada hacia mi.



M.

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