¡Hey tíos! Ya estoy aquí...- Steve acababa de cruzar la puerta de mi diminuta casa.
Parecía contento, así que supuse que había conseguido que le pagaran un par de deudas pendientes. Dejó las cuatro cervezas que traía sobre la mesa y se sentó en el sillón poniendo sobre ella los pies. Fue entonces cuando su mirada se cruzó con la mía.
- Joder Christian...- se levantó y se puso delante de mi al otro lado de la mesa mirando a la niña.-...¿Qué cojones hace esta cría aquí?- rodé los ojos y miré hacia otro lado, pero Steve estaba cabreado y eso se veía a la legua.-...no me jodas Christian...¿le has dado tiempo a Redfield?-
- ¡Solo seis horas!-
- ¡Joder Christian, siempre es lo mismo!-
- ¿Que querias que hiciera?-
Steve se pasó las manos por el pelo y cerró los ojos girándose para a los pocos segundos volverse a mirarme, más tranquilo.
- Tu sabrás lo que haces... luego no me vengas replicando si Cox te dice algo cuando Redfield no aparezca en semanas...-
- Como no va a aparecer, si ha dejado a la cría aquí por eso...-
Rebufó cansado, y seguidamente caminó hacia la cocina dejándome a mi solo con el crio a un lado y Mike y Carl al otro, cuyas risas se oían por todo el piso; ya iban suficientemente colocados de coca. Yo seguia mirando a la niña de reojó de vez en cuando, y aun me parecia increible su silencio. Me inquietaba estar a su lado, y me seguia pareciendo incluso más adulto que cualquiera de los que estávamos en ese salon.
Una vez más, la voz de Steve me alejó de mis pensamientos.
- Eh ¿Tienes hambre?-
Pude ver el brazo de Steve encima de mi hombro, completamente tatuado, alargándole un sándwich a Alice. Está levantó cabeza algo tímida para fijar su vista en el bocadillo y luego fijarla en Steve unos segundos.
Steve era un tipo bastante agradable y simpático cuando quería. La niña pareció llegar a la misma conclusión, ya que después de unos segundos de inspección, con una tímida sonrisa alargó su mano para recoger la comida que le ofrecían.
- Gracias...- Fue apenas un susurro, un hilo de voz el que salió de su garganta, pero fué suficiente para que se me quedase grabado en la memoria.
- No hay de que enana-
Steve revolvió el pelo del niño, simpático, y este sonrió abiertamente antes de morder el sándwich que tenia entre las manos.
En ese momento me sentí un poco molesto, quizás porque aquella cría no me había contestado ni una sola pregunta en todo el tiempo que llevaba en esa casa, y de repente aparecía Steve dándole comida y el le agradecía con un “gracias” y una sonrisa llena de inocencia.
- ¿Como te llamas?- Steve había vuelto y hablaba recostado en el respaldo del sofá, mirándola.
- Alice Redfield, señor...-
- ¿Quieres una Coca-cola, Alice?-
Esta última sonrió, y Steve le alargó los brazos para cogerla y sacarla del sofá por los aires. La dejó en el suelo y con una sonrisa amable le revolvió el pelo.
- Joder chica, pesas más de lo que aparentas... Vamos, ven-
Cada vez me jodía más ver a Alice pasar de mi para seguir como un perrito faldero a Steve. Aunque, en cierto modo, lo entendía. Steve era un tío que se hacia querer, y a mi nunca se me habían dado bien los niños.
Vi como entraban en la cocina, y golpeé la mesa con la lata de cerveza, pero ni Mike ni Carl se dieron cuenta de mi enfado, pues el primero ya le empezaba a meter mano a Carl, que ya estaba completamente atontado a causa de la droga. En ese momento me sentí como un verdadero imbécil al comprender porqué la había sacado de allí.
Me levanté y fui a la cocina, en la que Alice estaba sentada en la mesa bebiendo de una lata de Coca-cola con el sándwich en la otra mano, y Steve recostado en la encimera encendiendo un cigarrillo.
Podría decirse que Steve era mi mejor amigo. Fue el único que me ayudó y me dejó pasta cuando llegué a Nueva York. También fue el quien me metió en ese mundo de drogas.
Steve era un tipo alto. No tanto como Mike, pero más que yo... Era bastante fuerte. Que yo sepa, el único que había conseguido tumbar a Mike. Quizás por eso le tenia tanto respeto.
Tenia el pelo negro y despeinado, y unos ojos oscuros que a veces asustaban. Pero aunque siempre andar metiéndose en peleas y líos de drogas, era un buen tipo. Hasta se podría decir que era cariñoso.
- ¿Que haces ahí plantado?-
- Bueno, Mike y Carl...- Me acerqué a él, que ya me estaba tendiendo el cigarrillo- No me apetece verlos, la verdad.
- ¿Cuando viene Redfield a por ella?-
- En media hora- Contesté mirando el reloj de pared blanco colgado encima de la puerta de la cocina.
- Has odio, Alice? Tu padre va a venir pronto...-
Mientras yo me fumaba el cigarrillo apoyado en la encimera, Steve y Alice se enzarzaron en una conversación la cual estuve atento tan solo para seguir escuchando la voz de la niña.
Me senté en una silla y me uní a su conversación. Sinceramente, a los pocos minutos perdimos la noción del tiempo. Aquella niña era muy lista, y sus respuestas eran prácticamente como las de un adulto. Al principio podía parecer muy tímida, pero cuando le dabas confianza era una cría muy alegre y charlatana.
- ¿No tenia que venir Redfield a por la cría?-Carl cruzaba la puerta de la cocina abrochándose la camisa.
Miré el reloj y vi que eran las nueve de la noche, así que habían pasado más de ocho horas desde que Jake había salido de mi apartamento dejándome la cría en casa. En ese momento sentí la mirada de Steve clavándose en mi nuca. Sabia que estaba deseoso de que me girase para mirarle y entonces poder soltarme un “te lo dije” con aires de superioridad.
Intentando aparentar tranquilidad, me encendí un cigarrillo, y después de la primera calada, me giré hacia Carl.
- Ya sabes lo que hay que hacer-
Sabia que Mike y Carl le tenían ganas a Jake desde hacia bastante tiempo.
- ¿Que vas a hacer con la mocosa?-
Me giré y vi que se había quedado dormida, sentada en una silla y con la cabeza apoyada en los brazos encima de la mesa-
- Supongo que cuando estos dos traigan a Jake con la nariz rota, se la llevará...-
Cogí entre mis brazos a Alice, la cual se removió un poco al sacarla de la silla. La llevé conmigo hasta el comedor y allí la recosté en el sofá, buscando una manta a mi alrededor con la que taparla, se podía quedar helada ya que tenia la calefacción estropeada y era diciembre.
Cuando levanté la mirada vi a Steve observando a la niña por encima del respaldo.
- Serias un buen padre...- Dijo con una mirada divertida y burlona.
- Dejate de gilipolleces imbécil...-
- Uh...Te cabreas, ¿Eh?-
- Steve... ¿No te espera Nancy por ninguna esquina?-
- Calla cabrón...- Se enderezó y me sonrió- Yo me largo. Suerte con Jake, no te pases con él...-
- Imbécil...-
- Yo también te quiero... Nos vemos- Steve salió de mi casa y cerró la puerta sin hacer ruido.
Nancy era la novia de Steve. Se podría decir que era la chica perfecta: rubia ojos azules, buena familia, cuerpo perfecto... Esos dos se veían a escondidas de los padres de ella, y la verdad, no me extrañaba que a sus padres no les gustara Steve. Si no lo conociera, en ningún momento dejaría que mi hija saliera con él. Eso sí, Steve estaba perdidamente enamorado de esa niña; hasta la médula.
Cuando Steve se fue, apagué todas las luces de la casa dejando tan solo una pequeña lampara de la mesa del comedor con la intención de terminar de ordenar la droga que tenia que vender al día siguiente. Dediqué un pequeño vistazo a la niña, que todavía dormía en el sofá, pero no me entretuve y enseguida me puse a partir la coca y a colocarla en bolsitas.
M.
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